Las piernas del Vasco.

Medianera

Medianera

 

El Vasco llego a las tres de la tarde de la obra. Se había pegado un golpe bajando unas bolsas de cemento de la planta alta del dúplex en construcción y el arquitecto lo mandó a su casa a descansar.

La mesa estaba puesta con queso y el mate listo. Agua en el termo y una nota: “Vasco fuí a lo de Marisa, vuelvo después de cenar.”

Tomo mate sin siquiera mirar el queso. Prendió un pucho y dejo que el silencio lo acompañe un buen rato.

Se pegó una ducha de esas que se llevan la mufa. Abrió la heladera y saco una cerveza helada. Manoteo el queso y salió al patio. Se sentó en un cantero, usando un banquito de mesa improvisada.

Vió como el gato del vecino caminaba por la medianera atento a un posible y ya típico piedrazo del Vasco. “Hoy zafas hijo de puta” pensó mientras vio al animal seguir su camino.

Se hizo de noche, muy de noche.

Le dolían las piernas más de lo normal. La escalera de la obra era demasiado para un tipo de su edad. Terminó la birra.

Llegó Claudia sonriendo y se abalanzó  para besarlo.

–Salí que me duele todo… — Dijo el de manera brusca y ordinaria.

–Sos un guarango y un forro.

–Si no te gusta tomatelas…

La noche siguió silenciosa. El dio vueltas en la cama toda la noche. Ella no durmió.

El desayuno fue de tostadas, mate y sexo.

 

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